top of page

QUIEN ESTÁ DETRÁS DE LA CÁMARA.

Hola! Soy Milagros. Y si llegaste hasta acá, me hace muchísima ilusión.

Porque antes de fotografiar a una familia, me gusta que sepan quién soy. Después de todo, voy a acompañarlos en un momento muy íntimo de sus vidas. Ya sea la llegada de un bebé, una tarde jugando con sus hijos o simplemente una etapa que no quieren olvidar, creo que la confianza es tan importante como la fotografía.

Mi historia con las imágenes empezó mucho antes de tener una cámara en las manos.

Cuando era chica, mi mamá, directora creativa de una agencia de publicidad, me llevaba a los rodajes. Pasaba horas mirando cómo una idea cobraba vida. Sin darme cuenta, empecé a descubrir un mundo que me fascinaba: el de la luz, la composición y las historias contadas a través de una imagen.

Años después estudié Comunicación Audiovisual y tuve el privilegio de aprender fotografía de la forma más artesanal: revelando rollos en un cuarto oscuro. Había algo mágico en ese proceso. Esperar. Observar. Ver aparecer una imagen poco a poco sobre el papel. Creo que, de alguna manera, esa paciencia sigue acompañándome hasta hoy.

En 2014 me fui a vivir a Australia y, casi sin planearlo, nació Onedrop Photography. Al principio fotografiaba surfistas. Pasaba los días entre playas, aprendiendo a observar la luz sobre el mar y esperando el instante justo.

Pero la vida tenía otros planes.

Una amiga me preguntó si podía fotografiar a un bebé recién nacido. Acepté con curiosidad y descubrí un mundo completamente nuevo. Fue un camino de ida.

Poco tiempo después llegaron las familias.

Y, más adelante, mientras vivíamos nuevamente en Australia —esta vez con nuestra hija Jacinta—, encontré el estilo que hoy define a Onedrop.

Descubrí que la luz natural era el lugar donde me sentía más cómoda. Que los niños no necesitaban quedarse quietos para crear fotografías hermosas. Que las mejores imágenes aparecían cuando las familias dejaban de pensar en la cámara y simplemente disfrutaban de estar juntas.

Desde entonces, cada decisión que tomo durante una sesión nace de esa misma idea.

Prefiero una carcajada a una pose perfecta.

Prefiero un abrazo espontáneo a una sonrisa obligada.

Prefiero esperar el momento indicado antes que apurarlo.

Hoy vivo en José Ignacio, donde cada atardecer me recuerda por qué elegí este camino.

Sigo emocionándome con las pequeñas cosas: unas manos diminutas, una nariz con nariz, un niño corriendo descalzo, unos padres mirándose sin darse cuenta.

Porque estoy convencida de que, con el paso de los años, son esos pequeños instantes los que terminan significándolo todo.

Gracias por llegar hasta acá.

Ojalá tengamos la oportunidad de conocernos.

bottom of page