
LA HISTORIA DE ONEDROP.
Hay nombres que aparecen después de meses de pensar.
Y hay otros que simplemente llegan.
Así nació Onedrop.
Una gota.
Pequeña, simple, casi imperceptible.
Pero cuando una gota cae sobre el agua, sucede algo maravilloso: genera ondas que se expanden mucho más allá del lugar donde cayó.
Con el tiempo entendí que los recuerdos funcionan exactamente igual.
Todo empieza con un instante.
Una mano diminuta agarrando un dedo.
Una carcajada inesperada.
Una mirada entre dos personas que se quieren.
Un abrazo antes de volver a casa.
Son momentos que parecen pequeños mientras ocurren. Incluso pueden pasar desapercibidos.
Pero con los años cobran un valor inmenso.
Una fotografía tiene ese poder.
Detiene un instante que ya pasó, pero que sigue creciendo dentro de nosotros cada vez que volvemos a mirarlo.
Eso es, para mí, Onedrop.
No se trata solamente de crear imágenes bonitas.
Se trata de guardar pedacitos de la vida.
De preservar esas etapas que cambian casi sin darnos cuenta.
Los bebés dejan de ser bebés.
Los niños crecen.
Las familias cambian.
Y, de pronto, aquello que parecía cotidiano se convierte en un recuerdo invaluable.
Por eso elegí la fotografía.
Porque creo profundamente que las imágenes más importantes no son las perfectas.
Son las verdaderas.
Las que conservan la manera en que una familia se abrazaba.
Cómo un niño escondía la mano dentro de la de su mamá.
Cómo el viento movía un vestido.
Cómo se sentía una tarde cualquiera que, con el paso del tiempo, terminó significándolo todo.
Esa también es la razón por la que la mayoría de mis sesiones suceden al aire libre, con luz natural y sin apuros.
Porque allí las familias pueden caminar, jugar, reír, abrazarse y olvidarse por un momento de que hay una cámara.
Y es justamente cuando eso sucede que aparecen las fotografías más sinceras.
Onedrop nació hace muchos años, muy lejos de Uruguay.
Pero encontró su verdadero hogar entre el mar, el campo y la luz de José Ignacio.
Hoy sigue siendo la misma idea con la que empezó.
Creer que un solo instante puede convertirse en un recuerdo para toda la vida.
Y que, igual que una gota sobre el agua, una fotografía tiene la capacidad de generar emociones que siguen creciendo mucho después de que el momento haya pasado.
